Las frases más bellas de San Vincenzo de Paoli

San Vicente de Paoli (nombre original en francés Vincent de Paul), nacido en Pouy el 24 de abril de 1581 y muerto en París el 27 de septiembre de 1660, fue un sacerdote francés, fundador e inspirador de muchas congregaciones religiosas. Fue proclamado santo el 16 de junio de 1737 por el Papa Clemente XII. Se le considera el más importante reformador de la caridad de la Iglesia Católica. Sobre él, el Papa Francisco recuerda: “San Vicente de Paúl generó un ímpetu de caridad que perdura a través de los siglos”.

Presento una colección de las más bellas frases de San Vincenzo de Paoli. Entre los temas relacionados ver Frases, citas y refranes sobre la caridad, Las frases más bellas de Santa Teresa de Lisieux, Frases, citas y refranes de San Francisco y Las frases más bellas de Don Bosco.

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Las frases más bellas de San Vincenzo de Paoli

La caridad es el alma de la virtud – La charité est l’âme des vertus.

La caridad cuando habita en un alma ocupa todos sus poderes; no hay descanso; es un fuego que se agita continuamente: mantiene a la persona siempre en ejercicio, siempre en movimiento una vez que se inflama.

Dios ama a los pobres, y como resultado, ama a los que aman a los pobres.

Cuando estéis vacíos de vosotros mismos, entonces Dios os llenará.

Tienes que ser como los rayos del sol que descansan constantemente en la basura y sin embargo no se ensucian.

Para luchar contra la hipocresía las mejores armas son la franqueza y la simplicidad.

La gracia de la perseverancia es la más importante de todas, corona toda gracia.

El servicio a los pobres debe ser preferido a todo. No debe haber ningún retraso.

Pronto te darás cuenta de que la caridad es una carga pesada… Pero mantendrás tu dulzura y tu sonrisa. No todo es dar caldo y pan. Incluso los ricos pueden hacer eso.

El sufrimiento nos mejora más que la satisfacción.

Tarde o temprano Dios pone a prueba a las almas que llama a su servicio.

Trabajemos con humildad, respeto y compasión; de lo contrario, Dios no bendecirá nuestro trabajo. Y la pobre gente nos será arrebatada. Juzgarán que en nuestra forma de hacer las cosas hay vanidad y ya no nos creerán.

Todos los que aman a los pobres en vida no tendrán miedo a la muerte.

Nunca como en la enfermedad puedes ver lo que vale un hombre.

Las bellas máximas son ahora bien conocidas; todo lo que queda es aplicarlas.

Vivir en una casa donde reina la caridad fraternal, es vivir en el paraíso.

Es cierto que me retraso demasiado en hacer las cosas; pero también os digo que, a pesar de mis retrasos, no he visto todavía un asunto roto como resultado de mi retraso, y todo, en efecto, se ha hecho a tiempo y con los cuidados y precauciones necesarios.

Si debes apurarte, entonces déjame estar de acuerdo con el viejo adagio, y apúrate lentamente.

Si dejas la oración para ayudar a un pobre hombre, debes saber que hacerlo es servir a Dios. La caridad es superior a todas las reglas, y todo debe referirse a ella.

Las obras de Dios no se hacen cuando queremos, sino cuando le place. Uno no debe saltar delante de la Providencia.

No me basta con amar a Dios si mi vecino no lo ama.

Amemos a Dios, hermanos míos, pero amémoslo a nuestra costa, con el trabajo de nuestros brazos, con el sudor de nuestra cara.

El amor de Dios está en lo alto; en el centro está la caridad del prójimo y el amor a los pobres; y en el fondo está la caridad entre vosotros.

Irás diez veces al día a visitar a los pobres y diez veces al día encontrarás a Dios.

Permítanos atraerlo a Nuestro Señor. Él administrará todo a través de usted. Confía en Él y, a su ejemplo, actúa siempre con humildad, suavidad y buena fe: verás que todo irá bien.

Tres hacen más que diez cuando nuestro Señor pone su mano ahí: y esto siempre lo hace cuando quita los medios para hacer lo contrario.

Si el Señor le permite hacerlo, trabajará en ti y a través de ti con las virtudes de humildad, mansedumbre, resistencia, paciencia, vigilancia, prudencia y caridad.

No creemos en una persona porque sea muy sabia, sino porque la estimamos buena y la amamos. Uno nunca creerá en nosotros si no damos testimonio de amor y bondad hacia aquellos que deseamos creer en nosotros.

Nuestro Señor Jesucristo es el verdadero modelo, como una gran imagen invisible en la que todos nuestros gestos deben tomar forma.

La santidad cristiana consiste en juzgar, hablar y actuar de la misma manera que Jesús, la eterna Sabiduría de Dios, vestido con nuestra humanidad, juzgó, habló y actuó.

Ve y da a conocer a todos, a los católicos y a los herejes, la gran bondad de Dios. De modo que cuando vean que el Buen Dios se preocupa tanto por sus criaturas que ha establecido una Compañía de personas que se dedican plenamente al servicio de los pobres, lo cual no se encuentra en su religión en absoluto, se verán obligados a confesar que Dios es un buen padre.

En primer lugar, cada uno tratará de establecerse firmemente en esta verdad, que la doctrina de Cristo nunca puede engañar, mientras que la doctrina del mundo es siempre falsa, ya que el mismo Cristo dice que ésta se asemeja a una casa construida sobre la arena, la suya, en cambio, puede compararse con una casa fundada sobre roca sólida. Por eso la Congregación hará una profesión de comportarse siempre según las máximas de Cristo y nunca según las del mundo.