Lidia Sella, la hija de AR

Los detractores siempre han arremetido contra el refrán definiéndolo como una forma fría y contraída (“un fuego sin llamas” como diría Cioran), un género asertivo y mecánico, una forma sin tensión, a la vez perfecta y perfectamente superflua, que parece haber sido escrito por la misma mano cínica y sarcástica (“todos los refranes resultan ser tan … genéricos; todos dan la impresión de haber sido pronunciados por el mismo dios menor irascible y no emancipado”, afirma cáusticamente el escritor escocés Don Paterson).

En realidad, quienes conocen el refrán saben bien que no es así. Los detractores del refrán tienen en mente un modelo estilístico que se remonta al siglo XVII francés y que ha sido completamente superado por los modelos aforísticos contemporáneos. El refrán no es una forma fría y cerebral que destila sus píldoras artificiales de sabiduría a un lector escéptico, sino que es una forma que comunica emociones, sensaciones, colores, vibraciones. Que es lo que me pasó mientras leía el libro de refranes y fragmentos de Lidia Sella, Hija de AR, notas internas (Vida feliz, 2011). Monterelhant en sus cuadernos señaló que “las máximas morales nunca han cambiado la vida de un hombre” y en cambio estos fragmentos de Lidia Sella han cambiado mi vida, ¡y cómo!

En Lidia Sella el refrán no es una fría paradoja lógica, un pensamiento filosófico destilado, pero tiene un toque mágico inconfundible, una gracia, una musicalidad que lo sitúa en la frontera entre la poesía y el refrán, entre la interioridad del diario. y la imagen pictórica, entre el negro de la tinta y el blanco de la página, entre la reflexión y la percepción. Lidia Sella trabaja no solo sobre el significado, sino también sobre el significante de la palabra, que suena y resuena, transmitiendo una vibración única. Vea este fragmento sobre el amor donde cada palabra tiene un peso:

Un fluido,
el amor:
sin represas
ni lees
sin brida
o plazos –
Río
inclinado al mar
donde cuando morir
no ella
ni por que
o si aún vive.

Las palabras, que se suceden, caen exactamente donde deben caer, como tantos guijarros que ruedan en nuestra alma, trayendo -con una naturalidad coloquial y una sencillez engañosa- una luz de verdad.

Y vea también estos dos fragmentos, aún más condensados:

Antes después:
dos personas tan diferentes.
Pero en que mascara
reflejarme entonces?

Del cosmos
sin respuesta.
Solo un manto
de belleza sin sentido

Incluso antes del significado, Lidia Sella trabaja el lenguaje y el espacio en blanco que envuelve las palabras, según un modelo más cercano a la poesía. Por otro lado, el fragmento del refrán de Lidia Sella tiene la sentenciosidad, la gnomicidad, el sabor de la reflexión condensada y el relámpago sobre los temas eternos de nuestra existencia: la vida, la muerte, el amor, el tiempo, los sueños, la belleza, destino. En uno de los fragmentos más evocadores del libro, el del tiempo, el carácter vivo y la rítmica y vaguedad del poema dan lugar a un matrimonio contradictorio con la conceptualidad, la esquematización y la lucidez del refrán, en una mezcla de frío y calor, melancolía y sabiduría, libido sentiendi y libido sciendi verdaderamente únicas.

Baño lleno de agua:
como distinguir el primero
desde la última gota?
Ahora pasado mañana
solo pequeñas olas
en la sustancia líquida del tiempo.

En este fragmento -como en muchos otros del libro- hay un rigor oculto y una fuerte musicalidad, una precisión de la palabra y una apertura indefinida, con el efecto de un flujo incesante de significado. Y consideremos este otro fragmento donde la claridad de una hoja afilada y el sentido de la paradoja, propio del refrán, se combinan con la suavidad y armonía de las imágenes, propia de la poesía:

Creatividad
¿Por qué no brotar?
si no llueve desesperación?

Como otros autores contemporáneos de formas breves, los refranes de Lidia Sella se pueden definir como “poemas”, modelo que surge de la unión de la poesía y el refrán (en Estados Unidos el crítico literario James Richardson incluso utiliza el término “lirrefrán ”), Aunque la poesis de Lidia Sella tiene una singularidad propia y un toque mágico particular que la distingue de todos los demás autores. Después de todo, en un universo como el aforístico formado por micropublicaciones de edición limitada, a menudo ignoradas por los críticos, el libro La hija de ar (publicado en 2011 con el post de Armando Torno) ya llega a su sexta edición, señal de que si un libro de refranes tiene valor y además está bien distribuido, el interés por parte del lector no es efímero.

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Nota bibliográfica

Lidia Sella, periodista, escritora y poeta (www.lidiasella.it), nacida en Milán, donde vive y trabaja. Ha colaborado con algunos periódicos (L’Indipendente, Il Giornale, Libero, Rinascita, Affaritaliani.it) y varias revistas (L’Europeo, Gente, Gioia, Lo Specchio, Il Corriere Medico, Spazio Casa, Donna Mamma, Grand Hotel, Viver Sani y Belli, etc.). Ha editado dos libros para el grupo Rizzoli: “Amore come” (Sonzogno, 1999, tirada 25.000 ejemplares) y “La Roulette dell’Amore” (Bur, 2000, tirada 43.000 ejemplares). Ha publicado dos sílogos poéticos con “La Vita Felice”, con epílogo de Armando Torno, ambos en su sexta edición: “La hija de Ar – Notas interiores” (2011), finalista del Premio Internacional de Literatura de la ciudad de Como 2015; y “Eros, el dios lejano – Visiones sobre el amor en Occidente”, publicado en 2012. En 2015, esta última colección ganó el tercer premio de poesía publicada en el “Concurso Internacional de Literatura Ciudad de Pontremoli” y una mención de honor por el poema publicado en el “Premio Literario Internacional Europa” de Lugano. Además, Lidia Sella fue tercera clasificada en la sección de poesía inédita del “Premio Literario Il Carro delle Muse 2014” con el fragmento “Una mirada ávida en el espejo / para comprobar si aún existes”.

Entre los temas relacionados, véase Escritores de refranes en Italia.