Los poemas más bellos de Eugenio Montale

Eugenio Montale – Aforísticamente

Eugenio Montale (Génova, 12 de octubre de 1896 – Milán, 12 de septiembre de 1981), Premio Nobel de Literatura en 1975, fue uno de los más grandes poetas del siglo XX.

Toda su poética está marcada por la incertidumbre, por la incapacidad de captar el sentido profundo de la existencia, que apenas se siente pero que se escapa continuamente. Sobre su obra escribe Eugenio Montale: “Fui un poeta que escribió una autobiografía poética sin dejar de llamar a las puertas de lo imposible. No me atrevería a hablar de mito en mi poesía, pero hay ganas de cuestionar la vida ”.

Les presento una colección de los poemas más bellos de Eugenio Montale. Entre los temas relacionados, ver Los poemas más bellos de Giuseppe Ungaretti, Los poemas más bellos de Quasimodo, Los poemas más bellos y famosos de Giacomo Leopardi y Los poemas más bellos y famosos de Giovanni Pascoli.

**

Los poemas más bellos de Eugenio Montale

A menudo, el mal de vivir que he encontrado (de la colección Ossi di sepias, 1925)

A menudo me he encontrado con la maldad de vivir
fue el arroyo ahogado que gorgotea
fue el envoltorio de la hoja
reseco, era el caballo caído.

Bueno no lo sabía, fuera del prodigio
que abre la divina indiferencia:
era la estatua somnolienta
del mediodía, y la nube, y el halcón alto.

**

Tardes pálidas y absortas (de la colección de sepia Ossi di, 1925)

Tardes pálidas y absortas
por un muro de jardín caliente,
escucha entre espinas y espinas
chasquido de mirlos, crujido de serpientes.

En las grietas del suelo o en la arveja
espiar las hileras de hormigas rojas
que ahora se rompen y ahora se entrelazan
en la parte superior de biche en minúsculas.

Observa la palpitación entre las hojas.
lejos de las escamas del mar
mientras se elevan los gritos temblorosos
de cigarras con picos calvos.

Y entrando al sol que deslumbra
sentir con triste asombro
como es toda la vida y su labor
en esto sigue una pared
que tiene fragmentos afilados de botellas en la parte superior.

**

No nos pidas la palabra que mira por todos lados (de la colección de sepia Ossi di, 1925)

No nos pidas la palabra que mira por todos lados
nuestra alma informe, y en letras de fuego
declararlo y brillar como un azafrán
perdido en medio de un prado polvoriento.

Ah el hombre que va a salvo
a los demás y a sí mismo como amigo,
y su sombra cura solo el calor
imprimir en una pared desmoronada!

No nos preguntes la fórmula que los mundos pueden abrirte
sí alguna sílaba torcida y seca como una rama.
Solo hoy podemos decirte
lo que no somos, lo que no queremos.

**

Y limones (de la colección de sepia Ossi di, 1925)

Escúchame, los poetas graduados
solo se mueven entre plantas
con nombres poco usados: aligustre de boj o acanto.
Yo, para mi, amo los caminos que triunfan los herbosos
Yo estaba donde en charcos
medio molestos agarran a los chicos
alguna anguila demacrada:
los callejones que siguen a los bancos,
descienden entre los mechones de las cañas
y pusieron en los huertos, entre los limoneros.

Mejor si el deambular de los pájaros
salir tragado por el azul:
cuanto más claro se escucha el susurro
de ramas amigas en el aire que apenas se mueve,
y los sentidos de este olor
que no puede desprenderse del suelo
y una dulzura inquieta llueve en el pecho.
Aquí algunas pasiones divertidas
por un milagro la guerra se calla,
aquí también nos toca a los pobres nuestra parte de la riqueza
y es el olor de los limones.

Ves, en estos silencios donde las cosas
se abandonan y parecen cercanos
para traicionar su último secreto,
a veces se espera
descubrir un error de la naturaleza,
el punto muerto del mundo, el anillo que no aguanta,
el hilo a desenredar que finalmente nos pone
en medio de una verdad.
La mirada busca alrededor
la mente indaga acuerdos desuniones
en el perfume que se esparce
cuando el día más languidece.
Son los silencios en los que ves
en cada sombra humana que se va
alguna Deidad perturbada.

Pero falta la ilusión y el tiempo nos hace retroceder
en las ciudades ruidosas donde el azul se muestra
solo en pedazos, en la parte superior, entre las cofias.
La lluvia cansa después la tierra; lleno de gente
el tedio del invierno en las casas,
la luz se vuelve tacaña, el alma amarga.
Cuando un día de una puerta mal cerrada
entre los árboles de un patio
se muestran los amarillos de los limones;
y el frío del corazón se derrite,
y truenos en nuestro pecho
sus canciones
las trompetas doradas del sol.

**

Quizás una mañana entrando en un aire de vidrio (de la colección Ossi di sepias, 1925)

Tal vez una mañana entrando en un aire de vidrio
árido, volviéndome hacia mí, veré suceder el milagro:
la nada detrás de mí, el vacío detrás
de mí, con un terror borracho.

Luego, como en una pantalla, acamparán
árboles alberga colinas para el engaño habitual.
Pero será muy tarde; y yo me callo
entre los hombres que no se vuelven, con mi secreto.

**

No cortes esa cara, tijeras (de la colección Las ocasiones, 1939)

No cortes esa cara, tijera
solo en la memoria que se derrumba,
no escuches su gran rostro
mi niebla siempre.

Cae un resfriado … Fuerte se destaca el golpe.
Y la acacia herida se sacude
la cáscara de la cigarra
en la primera belletta de noviembre.

**

Bajé dándote mi brazo, al menos un millón de escaleras (de la colección Xenia II, 1964-1966)

Bajé dándote mi brazo, al menos un millón de escaleras
y ahora que no estás ahí, hay un vacío en cada paso.
Aun así, nuestro largo viaje fue corto.
El mío aún dura y ya no los necesito
conexiones, reservas,
las trampas, los desprecios de los que creen
esa realidad es lo que ves.
Bajé un millón de escaleras dándote mi brazo
no porque con cuatro ojos quizás puedas ver más.
Me largué contigo porque sabía eso de nosotros dos
los únicos alumnos verdaderos, aunque tan nublados,
eran tuyos.

**

Habíamos estudiado para la otra vida (de la colección Xenia 1, 1964-1966)

Habíamos estudiado para la otra vida
un silbido, una señal de reconocimiento.
Trato de modularlo con esperanza
que ya estamos todos muertos sin saberlo.

Nunca entendí si estaba
tu perro leal y malhumorado
o eras para mi.
Para los demás, no, eras un insecto miope
perdido en la blabla
de la alta sociedad. Eran ingenuos
esos inteligentes y no sabían
ser tu hazmerreír:
para ser visto incluso en la oscuridad y desenmascarado
de tu infalible sentido, de tu propio
radar de murciélago.

**

La tormenta (de la colección La bufera y otros, 1956)

La tormenta goteando sobre las hojas
fuerte el largo trueno de la magnolia
marzolini y el granizo,

(el cristal suena en tu nido
la noche te sorprende, oro
que se ha desvanecido en la caoba, en el corte
libros encuadernados, todavía arde
un grano de azúcar con cáscara
de tus párpados)

el rayo que caramelos
árboles y muro y los sorprende en eso
eternidad instantánea – maná de mármol
y destrucción – tallada en ti
llevas por tu condena y eso te ata
más que amor para mí, hermana extraña, –
y luego el fuerte choque, los sistrums, el estremecimiento
de panderetas en el foso de fuia,
el repiqueteo del fandango, y arriba
algún gesto que se tambalea …
Como cuando
te volviste y con tu mano, claro
la frente de la nube de cabello,

me saludó – para entrar en la oscuridad.

**

La Casa Dei Doganieri (de la colección Las ocasiones, 1929)

No te acuerdas de la aduana
en la subida que domina el acantilado:
desolado te espera desde la tarde
en el que entró el enjambre de tus pensamientos
e inquieto permaneció allí.

Libeccio lleva años azotando los viejos muros
y el sonido de tu risa ya no es feliz:
la brújula se vuelve loca por la aventura
y el cálculo de los dados ya no suma.

Tu no te acuerdas; otra vez confunde
tu memoria; un hilo se cae.

Todavía tengo una cabeza; pero se aleja
la casa y encima del techo la veleta
ahumado girando sin piedad.
Mantengo la cabeza; pero te quedas solo
ni aqui respiras en la oscuridad.

Oh, el horizonte en la carrera, donde se ilumina
¡Rara es la luz del petrolero!
¿Está la apertura aquí? (repulsa la situación
todavía en el acantilado escarpado …).
No recuerdas esta casa
Mi tarde. Y no sé quién se va y quién se queda.

**

La polea del pozo chirría (de la colección de sepia Ossi di, 1925)

La polea del pozo cruje,
el agua sube a la luz y se funde con ella.
Un recuerdo tiembla en el balde lleno,
en el círculo puro una imagen ríe.
Pongo mi rostro en labios evanescentes:
el pasado se deforma, envejece,
pertenece a otro …

Ah que ya chilla
la rueda, te devuelve al otro fondo,
visión, una distancia nos divide.

**

Felicidad alcanzada (de la colección de sepia Ossi di, 1925)

Felicidad lograda, caminas
para ti en el filo de una hoja.
En los ojos eres un destello parpadeante
al pie, hielo tenso que se resquebraja;
y por eso no tocas a quien más te ama.

Si vienes a las almas invadidas
de tristeza y las aclara, tu mañana
es dulce e inquietante como los nidos de las cofias.
Pero nada paga por el llanto del bebé
a quien se le escapa la pelota entre las casas

**
Quién sabe si algún día tiraremos las máscaras (de Quaderno di quattro anni, 1977)

Quién sabe si algún día tiraremos las máscaras
que llevamos en la cara sin saberlo.
Por eso es tan difícil de identificar
los hombres que conocemos.
Quizás entre los muchos, entre los millones
aquel en el que cara y máscara coinciden
y solo él podría decirnos la palabra
que siempre hemos estado esperando. Pero es probable
que él mismo no conoce su privilegio.
Quién sabía, si alguna vez hubo uno,
pagó su regalo tartamudeando o algo peor.
No valía la pena encontrarlo. Su nombre
siempre fue impronunciable por razones
no solo fonética. Ciencias
tiene algo más que hacer o no hacer.

**

Antes del viaje (de la colección Satura, 1962-1970)

Antes del viaje, se revisan los horarios,
conexiones, paradas, pernoctaciones
y reservas (de habitaciones con baño
o ducha, a una cama o dos o incluso a un piso);
ellos consultan
las guías de Hachette y del museo,
cambian monedas, dividen
francos escudos, rublos kopeks;
informate antes del viaje
algún amigo o familiar, se controlan
maletas y pasaportes, se completa
el kit, compras un suplemento
de hojas de afeitar, posiblemente
le echas un vistazo a la voluntad, pura
superstición porque los desastres aéreos
como porcentaje son cero;
antes de
del viaje estás tranquilo pero sospechas que
el sabio no se mueve y ese placer
volver cuesta una pifia.
Y luego nos vamos y todo está bien y todo
es lo mejor e inútil.

Y ahora que va a pasar
de mi viaje?
Lo he estudiado con mucho cuidado
sin saber nada. Un evento inesperado
es la única esperanza. Pero me dicen
que es una tontería decirse a uno mismo.