Ramon Gomez de la Serna: 428 greguerías inedite

Gómez de la Serna, nacido en Madrid en 1888 y fallecido en Buenos Aires en 1963, creó por primera vez en 1910 la “griegas”(En español se deletrea greguería con el acento en i), escribiendo miles de ellos a lo largo de su vida.

Muchos lectores no entienden qué “griegas“. Creen que es una máxima, un pensamiento filosófico, un ingenio. Piensan que se enfrentan a una reflexión moral, de carácter universal y sentencioso. Y como no encuentran nada de esto, ven el “griegas”Como un desafío al sentido común, una paradoja en sí misma. Algunos lo confunden con una broma o un chiste, otros con una metáfora poética, otros con un kalembour de imágenes.

En realidad, es más fácil definir gregueria (que en español significa “gritar”, “parlotear”, “bullicio”) como lo que no es. La gregueria no es un lugar común, nunca es obvio. Como escribe Gómez de la Serna, “no tiene que parecerse a nada de lo que ya se ha dicho“. Gregueria es una inmensa galaxia poblada por miríadas de objetos yuxtapuestos por acumulación o por asociaciones inusuales y fulminantes. Los ingredientes de este proceso fueron indicados por Gómez a través de la famosa asociación Metáfora + Humor = Greguería. Aunque la combinación no sea suficiente para explicar todas las greguerias

En estas metáforas visuales y juegos de palabras con toques de humor y a veces de absurdo, siempre hay un elemento de sorpresa para el lector. Estas son algunas de las greguerias más famosas, publicadas en 1993 en un librito encantador publicado por la Biblioteca del Vascello (la traducción al italiano es de Danilo Manera):

El sueño es un depósito por artículos perdidos y encontrados.

En la guía telefónica todos somos seres microscópicos.

Cuando llueve, quedan lágrimas en los cables telegráficos que entristecen a los telégrafos.

Hay cielos sucios donde los pinceles de todos los acuarelistas del mundo parecen enjuagados.

El tranvía aprovecha las curvas para llorar.

El arco iris es la cinta que se pone la naturaleza después de lavarse la cabeza.

El folleto del calendario nos reconforta porque conocemos su 7 o su 22 desde hace mucho tiempo. ¡Qué espanto si en su lugar aparece el día 30.117 de nuestra vida!

Los lagos son los charcos que quedaron después de la inundación.

La llave se burla de nosotros pretendiendo no pertenecer a la cerradura a la que pertenece.

Trueno: un cofre rueda por las escaleras del cielo.

Los besos son como sellos postales: hay algunos que se pegan y otros que no.

Una hoja de papel en el viento es como un pájaro herido de muerte.

Guitarra: mujer de cuatro caderas.

Qué tragedia: sus manos envejecieron y sus anillos no envejecieron.

El agua no tiene memoria: por eso es tan clara.

El orgullo del sapo es atroz, porque dedica su concierto a las estrellas.

El ascensor llama a todas las puertas por las que pasa, pero solo uno lo escucha.

Las orejas le hacen cosquillas al viento.

Los ceros son los huevos de los que nacen los otros dígitos.

Catálogo: memoria de lo que se olvidará.

El recién nacido se saluda a sí mismo sacudiendo el pie.

En las máquinas de escribir sonríen las dentaduras postizas del alfabeto.

Las costillas sirven para localizar el dolor: “Me duele entre esto y esto”

Cuando el tren sale mientras miramos por la ventana, robamos despedidas que no son para nosotros.

Las golondrinas apenas tocan el estanque como si estuvieran tomando suficiente agua para hacer la señal de la cruz.

El agua derrite el cabello en las cataratas.

Lamentablemente, la acogida de las greguerias de Gómez de la Serna en Italia no fue muy exitosa. Una selección “Mille e una griegas“, (Con la espléndida traducción de Danilo Manera) fue publicado en 1993 por la Biblioteca del Vascello y ahora está fuera de venta. Gesualdo Bufalino (no solo un gran narrador, sino también un brillante aforista) fue seducido por los Greguerias (a quienes llamó Sghiribizzi) y tradujo una gran selección de ellos a Bompiani. El libro publicado en 1997 también está agotado. Otra selección de greguerias “Hola como estasFue publicado por Polistampa en 2004 (con una traducción menos brillante y con un subtítulo “Witty” que, lamentablemente, no es muy apto). La única ventaja del libro es que todavía está en el catálogo.

En esta indiferencia íntegramente italiana por la obra de Gómez de la Serna, pasó completamente desapercibida la noticia de que Laurie-Anne Laget, hispanista y recién doctora en la Universidad, pasó completamente desapercibida (¡y de hecho aquí ningún periódico o revista hablaba de ello!) de Paris III, descubrió un archivo que contenía 538 páginas de greguerias (unas 12 greguerias por página, muchas de las cuales estaban borradas o eran difíciles de leer). Estas greguerias (que en opinión de Laget, “tienen una dimensión más reflexiva y poética“) Fueron contenidos en un material mayor que 65 cajas con manuscritos, notas, tarjetas y libros guardados en la Universidad de Pittsburgh (que compró toda esta documentación a la viuda del escritor en 1970, siete años después de la muerte del escritor).

Estas greguerias fueron escritas por Ramón en los últimos años, precisamente entre 1958-1961. Según Laurie-Anne Laget estaban destinados a un futuro libro que nunca llegó a publicarse, pero que el autor ya había titulado “New Greguerias”.

Para quienes deseen leer un adelanto de este extenso material, se acaban de reproducir 428 greguerias en un libro editado por la editorial española Fabrica Editorial (ver enlace), en su serie Blow Up, clasificado por Laurie-Anne Laget y acompañado de 15 fotografías. de Chema Madoz (greguerias visuales reales). Estas son algunas de las greguerias de Ramón Gómez de la Serna que salieron a la luz recientemente y por primera vez, aquí en mi blog, presentadas al público italiano (la traducción es mía):

Las palabras son el esqueleto de las cosas y por eso duran más que las cosas.

Desgarro: el termómetro femenino se rompió.

Los chinos escriben de arriba a abajo, porque la palabra comienza en el cielo y termina en el suelo.

Capitalista: una gimnasta con muchos teléfonos.

Café: una tinta para escribir pensamientos ocultos.

Cuando el viento está desesperado, toma un balde y lo tira.

El hombre que monta en bicicleta parece estar montado sobre un esqueleto de metal.

Vistos en las sombras, todos estamos de luto.

Máquina de escribir: un anfiteatro de letras.

Otros nos ven como la cámara: al revés.

Al poner un oído en el buzón se oye un murmullo de despedidas.

Futuro: el plagio del pasado.

La clave de estas greguerias nos la da el hispanista Laurie-Anne Laget en la introducción de este libro cuando nos recuerda la descripción que Ramón hizo de su alter-ego: “No es un escritor, ni un pensador, es un mirador“”No es escritor ni pensador. Es un ojo que mira

Siempre es Laurie-Anne Laget quien añade: “El archivo de Pittsburgh es un verdadero repositorio de material inédito: estamos preparando la edición de un “Diccionario”. Ramón se pasó toda la vida recogiendo palabras, escribiendo las definiciones del diccionario o inventando nuevas definiciones o escribiendo un dibujo o una gregueria.“.

Quién sabe si algún día, entre la miríada de novelas y novelas que acaban a diario en nuestras librerías, alguna vez habrá un editor italiano dispuesto a publicar algo de las muchas obras inéditas de Ramón Gómez de la Serna (o Ramón Gómez de la Serna con los dos acentos en la o como quieran en España!)